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La importancia de la lectura en jóvenes adultos

Una de las figuras más importantes en el desarrollo de un niño es la figura parte y la materna, los niños buscan un modelo a seguir y es importante que nosotros como padres sepamos cómo ayudar a nuestros hijos a crecer y a convertirse lo suficientemente fuertes para afrontar el mundo real, la lectura es uno de los mejores regalos que DEBERÍAMOS dejar a nuestros niños.

En esta época donde la tecnología abunda es muy fácil que un niño pierda la concentración cada segundo y también es peligroso cómo se forma su youjizz percepción de las cosas pues ahora hay niños que no saben escribir y ya pueden encontrar cosas a través de la opción de voz… cosa que nosotros no teníamos cuando éramos pequeños pero nuestros hijos sí, y esto más que tomarlo como algo malo deberíamos tomarlo como una oportunidad para enseñarle a nuestros hijos el gusto de la lectura.

Personajes, historias, y creatividad es lo que nos puede dejar la lectura, se es más listo cuando se lee, de eso no hay duda… también es importante saber ¿Qué es lo que quiero que mi hijo lea? no es lo mismo a ¿Qué es lo que querría leer mi hijo?
Como padres debemos de apoyar a nuestros hijos, no imponerlas.

Acá nuestros géneros literarios favoritos:

  • Cuentos cortos
  • Leyendas de terror
  • Poemas de amor
  • Adivinanzas cortas

Entre muchos otros temas que podrías dejar que tu hijo explore y agarre gusto por su propia cuenta… guiarle en el bello sendero de la lectura que esperemos que adopte para toda su vida y aprenda a desarrollarlo para así este bello hábito pase de generación en generación…

Necesitamos hijos más felices y más inteligentes, hijos para que cambien el mundo y sean felices con ellos mismos, ese es nuestro trabajo como padres y hay que saberlo muy bien.

La pasión de cristo, una película que deberías de ver con tus hijos

i alguna vez hubo un film que hizo plena justicia a su título éste es “La Pasión de Cristo” (“The Passion of The Christ”), del australiano Mel Gibson.
En el latín original, la palabra “pasión” remite al sufrimiento, al porno en argentina; y es el cristianismo mismo el que la unge con una suerte de significado plus: el sufrimiento de Cristo por amor a la humanidad toda, el tormento salvífico.
En este contexto, el director australiano Mel Gibson (un católico febril, tachado de integrista) concibe un film cuyo objeto es representar (y subrayo el término “representar” en plena concordancia con el espíritu del artículo a cargo de Javier Califano, sección Editorial de esta página) las últimas doce horas agónicas de Cristo en la Tierra. Y está claro también que Gibson quiso hacer gráfico e ineludible el precio que Cristo pagó para el perdón de los pecados de los hombres, de acuerdo a la cosmovisión cristiana a la cual adhiere. Por ende, al PATENTIZAR el lascerante alcance de este precio (el sacrificio), Gibson está ensalzando el sentido cristiano de la redención (o, la Redención). Esto es más que respetable; es la visión del director, y no nos compete aquí juzgarlo a él por sus creencias, sean templadas o no, sino analizar su producto fílmico. Y tanto más respetable es también que muchos de los espectadores de “La Pasión” entiendan que, en realidad, Gibson ha PATETIZADO (en el sentido de extremar el pathos) la graficación de la violencia, por lo que su sensibilidad se ha visto afectada .
Y todo ello porque el australiano nos ofrece una visión muy realista del calvario de Jesús; convengamos, pues, que Gibson trabaja con la representación explícita de la violencia, y convencida de ello me apoyo en los dos anteriores filmes de aquél: “El hombre sin rostro” y “Braveheart”.
Por lo tanto, la representación realista de un hecho per sé violentísimo -el calvario de Cristo, sometido a los tormentos romanos de aquel entonces- no puede sino sobrecoger, impresionar. Podés tomarlo o dejarlo, siempre desde tu personalísima libertad de elección y tratamiento del gusto.
Sin embargo, y personalmente, lo que me resulta difícil de digerir, a nivel de aquella segunda opción, es la actitud reluctante por el purismo mismo (que, en el fondo, es pretender ser “más papistas que el papa”); y peor, tratándose de quienes aceptan o no el tratamiento de la violencia de acuerdo a quién filme, y no de acuerdo a qué y cómo está filmado lo filmado. Así, me cuesta entender qué puede tener de artística y contextuada la violencia de un film como, por ejemplo, “Amores Perros”. Y me pregunto acerca de la violencia explícita (perros desollados, desangrados y ajusticiados) cuanto la implícita (violencia familiar y sexual encubándose en la poderedumbre de una promiscuidad semi-incestuosa y delictiva; el golpe bajo de Iñárritu, presto para mostrarnos hasta las miserias de… un perro). ¿Será que es “políticamente correcto” muyzorras bendecir a directores con pátina de “independientes”, presuntamente “bajopresupuestistas” y que hacen unas ediciones muy “cool”, símil Tarantino?.
Volviendo a Gobson, y teniendo en cuenta su cometido -expuesto al espectador desde el título mismo del film, insisto- y el hecho puntual de estar ante un personaje (religioso, bíblico, anecdótico, épico, o como se lo quiera tomar desde la subjetividad) en cuya misión y destino está el sufrir -y sufrir terriblemente- hasta la muerte, es que la violencia no resulta gratuita.
Recordemos que estamos ante un Cristo en el que Gibson cree, contemplándolo en su misteriosa doble naturaleza; es Dios mismo pero anonadado, menguado en una naturaleza humana; no se trata ya del Cristo de divinidad laica pasoliniano, aunque -en la compleja visión de Pasolini- su Cristo termine haciendo magia, y resucitando; el Cristo de Gibson es un Cristo escarnecido (término muy caro a ciertas tradiciones pictórico-escultóricas por demás dolosas, de antaño), y es ese escarnio -precisamente inhumano- el que propicia el camino a la Salvación.
En definitiva, y evitando caer en el clásicamente inadmisible error de hacerse eco de un film sólo por la polémica que otros han -intencionalmente- propiciado, lo que nos interesa analizar es la película misma, y nada más. Por lo menos, desde 7 Sentido.