El 80% de los adultos jóvenes ya muestra daño arterial temprano, según un estudio reciente
Una investigación de la Asociación Americana del Corazón reveló que la mayoría de los jóvenes de alrededor de 23 años presenta signos tempranos de síndrome cardiovascular-renal-metabólico. Los hallazgos subrayan la importancia de cuidar la alimentación y la actividad física desde la adolescencia.
Un estudio publicado en la revista Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes mostró que casi 8 de cada 10 adultos jóvenes ya presentan algún grado de daño arterial subclínico. La investigación, realizada en Estados Unidos con más de mil participantes de edad promedio de 23 años, pone en evidencia que los problemas cardiovasculares, metabólicos y renales ya se están instalando mucho antes de lo que imaginábamos.
El síndrome cardiovascular-renal-metabólico (CKM) fue definido por la Asociación Americana del Corazón (AHA) en 2023. Se trata de una forma de entender cómo la obesidad, la prediabetes, los problemas renales y la hipertensión se potencian entre sí y generan daño en diferentes órganos, incluyendo las arterias.
Los investigadores midieron el grosor de la íntima-media de las arterias carótidas, un marcador que suele aparecer en personas bastante mayores. Sin embargo, en este grupo de jóvenes el 80% ya estaba clasificado en alguna etapa del CKM. Quienes se encontraban en etapas más avanzadas mostraron un engrosamiento arterial significativamente mayor.
Según los autores, cuanto más avanzada era la etapa del síndrome, mayor era el daño vascular detectable. Esto desafía la idea de que la juventud protege naturalmente de las enfermedades crónicas y refuerza la necesidad de mirar con atención los hábitos desde la adolescencia.
¿Qué significa esto para las familias con hijos?
Aunque el estudio se centró en adultos jóvenes, sus conclusiones tienen mucho que decirnos sobre cómo acompañamos la crianza. Los factores de riesgo evaluados (dieta, actividad física, sueño, exposición a nicotina, índice de masa corporal, azúcar en sangre, lípidos y presión arterial) se construyen desde la primera infancia.
La métrica “Life’s Essential 8” de la AHA mostró que los participantes con CKM tenían puntuaciones mucho más bajas especialmente en alimentación y movimiento. Esto no es casualidad: los hábitos alimentarios y la relación con el cuerpo se forman temprano, en la mesa familiar, en el juego y en la rutina diaria.
Desde ABChicos siempre decimos que no se trata de ser perfectos ni de seguir reglas rígidas. Se trata de pequeños gestos que se repiten: ofrecer comidas variadas y coloridas sin presiones, proponer movimiento divertido en lugar de “ejercicio”, asegurar horas de sueño reparador y reducir el tiempo frente a pantallas cuando sea posible.
Prevención que empieza en casa
El estudio recordó que la progresión del CKM no es inevitable. Mejorar la calidad de la dieta, aumentar la actividad física y, cuando sea necesario, consultar al médico pueden frenar o incluso revertir el avance de estos factores.
Para las familias esto se traduce en cosas concretas y alcanzables:
- Incorporar más frutas, verduras y cereales integrales sin convertirlo en una batalla diaria.
- Priorizar el juego al aire libre y el movimiento en familia.
- Cuidar los horarios de sueño, tanto de los chicos como de los adultos.
- Reducir el consumo de ultraprocesados y bebidas azucaradas de manera gradual.
Nilay Shah, cardiólogo de la Universidad Northwestern y coautor del trabajo, señaló que “muchos componentes del CKM están empezando a afectar a personas a edades cada vez más tempranas, incluso en la juventud o la adolescencia”. Por eso, la prevención desde la infancia adquiere una relevancia especial.
El contexto social importa
La investigación se realizó mayoritariamente en entornos urbanos desfavorecidos. Esto recuerda que el acceso a alimentos saludables, espacios seguros para jugar y tiempo de calidad también depende de condiciones sociales que las familias no siempre controlan. No se trata de culpabilizar a los padres, sino de reconocer que criar en contexto de estrés económico o falta de recursos es más desafiante.
Nunca es demasiado pronto
El estudio concluyó con una frase potente: “la juventud no dura para siempre, y nuestra salud durante la juventud puede marcar nuestro futuro. Nunca es demasiado pronto para empezar”.
Como puericultora y mamá, creo que esa idea se puede llevar a la crianza cotidiana sin generar más presión. No hace falta cambiar todo de golpe. Un pequeño ajuste en la rutina, una caminata juntos después de la merienda, elegir agua en lugar de gaseosa de vez en cuando… cada gesto cuenta.
Ante cualquier duda sobre la salud de tus hijos o sobre cómo interpretar estos factores de riesgo, lo más indicado es consultar al pediatra, que conoce el contexto particular de cada niño y familia.
Fuente: Infobae
El mensaje final es esperanzador: aunque los números sean altos, también lo es la posibilidad de acompañar a nuestros hijos hacia hábitos que protejan su salud a largo plazo. Y eso se construye día a día, entre el desayuno, el juego y la hora de dormir.