Salud y Bienestar Infantil (Informativo)

Dieta keto vs mediterránea: cuál es mejor para el hígado graso según un estudio

Una investigación comparó tres patrones alimentarios en personas con obesidad, prediabetes y esteatosis hepática. Aunque todas lograron pérdida de peso similar, los efectos en el hígado fueron diferentes.

Publicado el

Filete de salmón grillado con limón, eneldo y vegetales

Un estudio reciente publicado en la revista Cell Metabolism puso en la balanza tres formas de comer en personas con obesidad, prediabetes y exceso de grasa en el hígado. Los resultados llaman a prestar atención no solo a cuánto bajamos de peso, sino a qué le pasa por dentro al organismo.

Los investigadores compararon la dieta mediterránea, la dieta keto (cetogénica baja en hidratos) y una dieta baja en grasas. Todos los grupos perdieron peso de manera parecida, pero los cambios en la grasa hepática y en otros marcadores internos no fueron iguales. La dieta mediterránea mostró ventajas más claras en la reducción de la grasa acumulada en el hígado y en la mejora de la sensibilidad a la insulina.

Esto es especialmente relevante porque el hígado graso (o esteatosis hepática) es cada vez más común, incluso en niños y adolescentes, y suele acompañar a la obesidad y la prediabetes. Aunque este estudio se centró en adultos, sus hallazgos invitan a las familias a pensar con cuidado qué tipo de alimentación promueven en casa.

Según informó Infobae, la dieta mediterránea se destacó por sus beneficios internos más allá de la balanza. Este patrón, rico en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos y aceite de oliva, parece ayudar al hígado a “limpiarse” de forma más efectiva.

La keto, por su parte, genera un estado de cetosis que también puede reducir la grasa hepática, pero los investigadores observaron que los mecanismos y los efectos secundarios (como posibles alteraciones en el perfil lipídico o mayor dificultad para sostenerla a largo plazo) la hacen menos recomendable como primera opción en estos casos.

Para las familias, la buena noticia es que no hace falta elegir extremos. Muchos pediatras y nutricionistas recomiendan acercarnos a un estilo mediterráneo adaptado a la edad de los chicos: más vegetales, menos ultraprocesados, grasas de buena calidad y comidas compartidas sin presión.

Es importante recordar que el hígado graso en niños y adolescentes requiere seguimiento médico. Ninguna dieta debe iniciarse sin orientación profesional, especialmente si hay condiciones preexistentes. Siempre es clave consultar al pediatra o a un especialista en nutrición infantil antes de modificar de forma importante la alimentación de los más chicos.

El estudio refuerza una idea que venimos viendo hace tiempo: la calidad de lo que comemos influye mucho más que solo el conteo de calorías o macronutrientes. Pequeños cambios sostenibles en la rutina familiar (más comida casera, menos delivery, incluir pescado una o dos veces por semana, usar aceite de oliva) pueden marcar una diferencia real a largo plazo.

Al final, cada familia encuentra su ritmo. Lo valioso es poder elegir con información actualizada y sin culpa. Si tu hijo o hija tiene diagnóstico de hígado graso o prediabetes, el primer paso sigue siendo el consultorio médico. Desde ahí, construir hábitos alimentarios amables y nutritivos es el camino más sostenible.

← Volver al blog