Familia y vida cotidiana

A menos de una hora de CABA: el circuito gastronómico premium de Cardales y alrededores

Cuatro propuestas inolvidables para disfrutar de cocina de alto nivel, vinos excepcionales y entornos únicos en Cardales, Manzanares y la Reserva. Experiencias que combinan sabor, historia y relax familiar.

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A menos de una hora de CABA: el circuito gastronómico premium de Cardales y alrededores
La Nación — Salud (fuente general de respaldo)

A poco más de 50 minutos en auto por la Panamericana, Cardales y sus alrededores se convirtieron en un destino que combina aire puro, verde y propuestas gastronómicas que satisfacen a los paladares más exigentes. Ideal para escapadas en familia, almuerzos de domingo o celebraciones sin tener que viajar demasiado lejos de Capital.

El rito de sentarse a la mesa, compartir sabores y conversar sin apuro es uno de esos placeres que quedan grabados. Y en esta zona noroeste de Buenos Aires hay opciones que logran exactamente eso: desde polentas cremosas hasta pastas caseras con historia familiar, pasando por maridajes pensados con cuidado.

A Chizza, el lugar de Franco y Cecilia

Cecilia Rodríguez y Franco Malaciza llevan casi dos décadas al frente de este restaurante de 65 cubiertos que se volvió sinónimo de excelencia en Cardales. Franco, que recorrió cocinas en Gales, Londres, Moscú y la Toscana, propone una carta que cambia cada semana según lo que trae la temporada.

Sus entradas para compartir son un festín: croquetas de centolla y langostinos, chipirones, curry de langostinos y mejillones. Pero el plato que muchos recuerdan es la polenta cremosa cocida durante cuatro horas servida con ragout de jabalí. También brillan el ossobuco braseado con risotto, el cuarto de chivito al horno de barro y carnes de caza como pato, ciervo, liebre y codorniz.

“Mi cocina es un mix de sabores de todo el mundo: sazón peruana, tailandesa, marroquí e italiana de mis abuelos”, cuenta Franco. La cava es otro punto alto: más de 4000 botellas y 150 etiquetas servidas a la temperatura justa. Perfecto para un almuerzo largo en familia donde los chicos también encuentran opciones.

Estancia Vigil, la experiencia enoturística

En la misma dirección, muy cerca del Sofitel, se encuentra este proyecto de la bodega mendocina que lleva adelante el enólogo Alejandro Vigil. El lugar impresiona por su arquitectura, el patio con viñedos en estilo mendocino y la propuesta que pone al vino en el centro.

Se pueden probar sus etiquetas junto a otras de distintas regiones del país. El menú de tres pasos (entrada, plato principal y postre) está a cargo del chef Diego Irato e incluye clásicos como empanadas, buñuelos y costilla marinada en Cabernet Franc durante horas. Para algo más relajado y accesible, El Mercado ofrece tapeo, vino por copas y un pequeño almacén de productos regionales.

Es una salida linda para hacer con niños más grandes o adolescentes, que pueden disfrutar del espacio al aire libre mientras los adultos se deleitan con los maridajes.

1888 Cocina de Estación, en Manzanares

A unos 20 kilómetros, en la antigua estación de tren de Manzanares, se levanta esta casona que rinde homenaje al año 1888 en que llegó el ferrocarril al pueblo. Abierto en 2007, es un emprendimiento familiar que prioriza el producto fresco.

El chef José Luis Mastellone, formado en el IAG y en la École Lenôtre de París, lidera el equipo junto a su familia. La carta respeta la estacionalidad: en esta época se destaca la flor de alcaucil. Entre los imperdibles están la tortilla babeé con cebolla, morrón y chorizo colorado, el atún rojo laqueado a la parrilla, ravioles rellenos de alcauciles y una lasagna ahumada con tres capas (ossobuco braseado con chorizo ahumado, espinaca con ricota, jamón cocido y mozzarella).

También hay codillo de cerdo deshuesado y goulash ideal para los días más frescos. La carta de vinos incluye importados, buena selección de espumantes y etiquetas nacionales como Catena Zapata. El entorno histórico y tranquilo invita a alargar la sobremesa.

Italpast La Reserva, el templo de la pasta

Si los argentinos tenemos una debilidad, es la pasta. En el Club House de La Reserva Cardales, Luciano Picciau (hijo de Pedro Picciau, de Italpast-Campana) y su mujer Marcela crearon en 2008 un rincón que transporta a Italia sin salir de Buenos Aires.

La terraza con vista al lago es el lugar ideal cuando el clima acompaña. Para empezar, el antipasto speciale con fiambres italianos y argentinos, quesos artesanales y encurtidos. Luego llegan los sorrentinos parisienne, la lasagna della nonna (esa que Cecilia, la abuela, amasaba hasta pasados los 80 años), los tagliolini carbonara con guanciale y los ravioli verdi de Pietro, con masa de rúcula, relleno de lomo y hongos en salsa de tomates frescos.

“La premisa fundamental son los ingredientes de calidad: buen tomate, excelente aceite de oliva, pasta seca italiana y pasta fresca hecha por nosotros”, explica Luciano. La misma familia que abrió en Campana y luego en el Faena de Buenos Aires mantiene aquí esa misma búsqueda de excelencia.

Elegir entre estas cuatro propuestas es difícil porque cada una ofrece algo distinto: la creatividad de temporada de A Chizza, el maridaje profundo de Estancia Vigil, la cocina de estación con historia de 1888 y la calidez italiana de La Reserva. Lo mejor es ir probando de a una, llevar a los chicos, disfrutar del verde y crear esos recuerdos que, como la magdalena de Proust, vuelven cada vez que cerramos los ojos y pensamos en un plato que nos hizo felices.

Adaptado de La Nación

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