Familia y vida cotidiana

Desayunar tarde y longevidad: qué reveló un estudio con más de 31.000 adultos

Un análisis publicado en el European Journal of Clinical Nutrition asocia desayunar después de las 8:00 con mayor riesgo de mortalidad general y cardiovascular. Las expertas consultadas explican cómo los horarios de comidas se vinculan con nuestros ritmos circadianos.

Publicado el 20 de agosto de 2026, 15:21 hs

Mesa de desayuno familiar con tazas y frutas

Un estudio reciente volvió a poner el foco en algo que muchas familias ya intuimos: el horario en el que empezamos a comer puede influir más de lo que creemos en nuestra salud a largo plazo. Según un análisis de más de 31.000 adultos estadounidenses, desayunar después de las 8:00 se asocia con un mayor riesgo de muerte prematura, tanto por causas generales como cardiovasculares.

El trabajo, publicado en el European Journal of Clinical Nutrition, revisó datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES). Los participantes tenían más de 40 años y el seguimiento promedio fue de 8,6 años. Quienes desayunaban entre las 7:00 y las 8:00 mostraron el menor riesgo. A partir de ahí, los números suben: un 10% más de riesgo si la primera comida es entre las 8:00 y las 10:00, 19% entre las 10:00 y las 12:00, y 29% si se come después del mediodía. En el caso de las muertes cardiovasculares, el riesgo fue un 46% mayor para quienes desayunaban pasadas las 12:00.

A los 50 años, las personas que postergan su primera comida más allá del mediodía tendrían, según el modelo, 2,46 años menos de esperanza de vida. El estudio también miró la cena: cenar antes de las 19:00 se asoció con un 13% más de riesgo de mortalidad comparado con hacerlo entre las 19:00 y las 20:00. Comer después de la medianoche elevó ese riesgo al 27%.

Los autores, liderados por el doctor Zhilei Shan de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, explican que comer muy tarde puede desincronizar nuestros relojes biológicos. Pero aclaran que se trata de un estudio observacional: no prueba que el horario cause directamente la diferencia, sino que está asociado. Factores como el cronotipo de cada persona, el sueño o el estilo de vida podrían influir. Por eso mismo, Shan recomendó no hacer cambios drásticos basados solo en estos resultados.

En Argentina, dos especialistas consultadas por Infobae aportan una mirada práctica sobre el tema. La médica Marianela Aguirre Ackermann, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, y la pediatra Mariel Dobenau, especialista en medicina funcional, coinciden en que nuestro cuerpo tiene un reloj central en el cerebro que se regula principalmente con la luz solar, y relojes periféricos en órganos como el hígado, el páncreas y el tejido adiposo que responden a la comida.

Cuando comemos en sintonía con el día, la sensibilidad a la insulina es mejor por la mañana y la tolerancia a la glucosa también. Hacia la noche, el cuerpo se prepara para el descanso y procesa los nutrientes de otra manera. Adelantar las comidas y evitar cenas muy tarde puede ayudar a regular mejor la glucosa, reducir la inflamación y mejorar el control del apetito.

Esto no significa que tengamos que volvernos rígidos. Como siempre decimos en las familias, cada casa tiene sus ritmos. Pero si estás buscando pequeños ajustes que puedan hacer una diferencia, priorizar un desayuno más temprano y dejar entre dos y cuatro horas entre la cena y el momento de dormir parecen estrategias razonables. Evitar ultraprocesados y azúcares por la noche también suma.

Qué podemos hacer en casa, sin culpa

Muchas veces el apuro de la mañana hace que corramos el desayuno o directamente lo salteemos. Si sos de los que desayunan tarde, no te sientas mal: el estudio no es una sentencia. Pero sí invita a observar. ¿Podemos adelantar un poco la primera comida? ¿Podemos preparar la noche anterior algo rico y nutritivo para que sea más fácil sentarse juntos aunque sea 15 minutos?

Las expertas destacan que exponerse a luz natural temprano y bajar la iluminación artificial a la noche ayuda a sincronizar mejor todo el sistema. Y que concentrar más la ingesta en la primera parte del día puede reducir el hambre nocturno y mejorar la calidad del sueño de toda la familia.

Lo importante es que estos cambios sean sostenibles y no generen más estrés. Si tenés dudas sobre cómo adaptar los horarios a la rutina de tus hijos o a tu propia energía, lo mejor es consultar al pediatra o a un profesional de la nutrición que conozca tu contexto.

Al final, más que buscar la hora “perfecta”, se trata de encontrar un ritmo que respete la biología de cada uno y que pueda convivir con la vida real: el jardín, el trabajo, las meriendas y las noches de películas en familia. El estudio suma evidencia a algo que intuimos desde hace tiempo: nuestro cuerpo agradece cuando comemos y descansamos más alineados con el sol. Y eso, en el día a día, se traduce en pequeños gestos que sí están a nuestro alcance.

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